La utilidad de la inutilidad

05.09.2022

He oído muchas veces comentarios acerca de "lo inútil que resulta la filosofía hoy en día", como si esta hubiera tenido su momento de auge en el pasado pero resultase innecesaria y careciese de importancia en la actualidad. Es una idea extendida en nuestro tiempo a raíz de la concepción acerca de la "utilidad" que se ha desarrollado en él. Resulta muy complicado intentar argumentar a favor de la utilidad de la filosofía cuando quien nos escucha tiene una concepción de la utilidad basada en la producción material y ganancia económica.

La palabra utilidad proviene del término latino utilis en el que uti hace referencia a servir o poder ser usado y el sufijo -ilis a posibilidad. De esta forma la utilidad haría referencia, etimológicamente, a la capacidad de algo para poder ser usado. Ahora bien, tras esta definición nos viene a la cabeza la cuestión del para qué usamos algo. La acción humana es teleológica, por lo que cuando usamos algo lo hacemos con una finalidad. De esta forma, cuando hablamos de utilidad no solemos referirnos a la posibilidad de ser usado, sino a la finalidad que buscamos con ese uso, al resultado favorable que perseguimos.

Nos encontramos, pues, con una significación actual de la utilidad como provecho o beneficio. Algo es útil no cuando lo podemos usar, sino cuando obtenemos dichos resultados favorables del uso. Pero podemos avanzar otro paso más y preguntarnos qué significa provecho, beneficio o ser favorable y frente a esta cuestión, el ser humano humano del siglo XXI, con pocas excepciones, piensa en el dinero. Al fin y al cabo todo en el mundo actual se mueve en función del dinero.

Calificamos la utilidad de las cosas en función de la ganancia económica que nos reportan. Si algo produce dinero lo denominamos útil, si no lo produce, lo vemos como inútil. Y, dado que vivimos en un mundo que se rige, prácticamente en su totalidad, por el sistema capitalista, aquello que reporta un beneficio económico es aquello que produce. Hemos equiparado así utilidad y productividad, a pesar de que no son lo mismo si nos atenemos al significado etimológico de la palabra utilidad y no a la significación que le hemos dado en la actualidad.

La productividad es la capacidad de producir y la utilidad la capacidad de usar algo en busca de un beneficio. Siendo productivos, favorecemos el sistema económico que nos rige y somos útiles para el sistema. Producimos, dicho producto genera dinero y esto reporta un beneficio al sistema pero pocas veces a uno mismo (el fundamento del capitalismo es darle a los trabajadores menos dinero del que producen para obtener una plusvalía con la que enriquecerse y construir más fábricas, con más trabajadores... y hacer que la rueda siga girando). De esta forma la utilidad ligada a la productividad no lo es para uno mismo sino para el sistema económico y ser útiles para el sistema no es sino afirmar que este tiene capacidad de usarnos en su propio beneficio (recordemos la etimología de la palabra).

Radica aquí el fundamento de la supuesta inutilidad de la filosofía. El sistema no tiene capacidad de usar a la filosofía en su propio beneficio porque, por una parte, la filosofía produce poco material y económicamente hablando. En ella se generan debates, reflexiones, análisis... pero no productos, quitando los libros que se publican (que no se puede comparar con la producción material de una fábrica). Por otra parte, si algo es la filosofía es crítica, de tal modo que le es muy complicado al sistema tratar de usar algo en su provecho cuando ese algo está continuamente analizando y criticando al sistema.

Sin embargo, el hecho de que la filosofía carezca de utilidad para el sistema económico no quiere decir que sea inútil en sí misma. La filosofía la podemos usar también en busca de beneficios, aunque estos no sean materiales y económicos. Nos puede reportar, por ejemplo, muchos beneficios individuales, como una capacidad crítica, reflexiva y de análisis, un medio de transformación social, un correcto uso de nuestra razón o un lugar en el que desahogarnos y encontrar esperanza y lucidez.

A su vez la filosofía puede ser provechosa en otras ramas del conocimiento, puesto que ella es la única que proporciona una perspectiva global de todos los conocimientos que las distintas ciencias particulares poseen. La filosofía sería un saber de segundo grado en comparación a los saberes de primer grado (ciencias particulares). Estos últimos necesitan de la filosofía para mantenerse, en el sentido de que esta les proporciona la base sobre la que se asienten al tratar de responder a las preguntas fundamentales del saber. ¿De qué servirían todas las investigaciones de la diversas ciencias en busca del conocimiento si no nos preguntáramos de antemano qué es conocer o qué es investigar, preguntas estas propias de la filosofía? Además, la filosofía, al poseer una perspectiva global, permite entrelazar las diversas ciencias y dotarlas de sentido, al delimitarlas y conectarlas.

La filosofía se sale de la concepción de utilidad económica que prima en la actualidad, se sale del sistema, se sale de lo general, pero es justo ese salirse lo que le permite ver las cosas desde una perspectiva más amplia y examinarlas bajo su mirada crítica. Antes de conocer la utilidad o inutilidad de la filosofía, ella misma investiga acerca de esos conceptos. La respuesta a la utilidad de la filosofía es en sí misma una investigación filosófica.

Si tienes cualquier duda o sugerencia puedes enviarla a viviryfilosofar@gmail.com
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