No me normalices. Déjame seguir sorprendiéndote. 

13.06.2022

Hay una canción de John Lennon ("What you got") que dice en el estribillo "You don't know what you got, until you lose it". No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, os suena la frase ¿a que sí? Pero y ¿por qué? ¿Por qué nos cuesta tanto valorar las cosas cuando están presentes?

Porque hemos perdido la capacidad de sorprendernos de lo cotidiano, de lo habitual.

A todo lo que normalizamos le quitamos la capacidad de asombrarnos, le quitamos valor. Pasa desapercibido a nuestra vista porque convertimos lo que "es" en lo que "debe ser".


Más allá de las pertenencias materiales (que a lo material sí que le solemos tener más apego...), me preocupa en mayor medida la desvalorización de las personas que nos rodean.

Muchas veces no valoramos las relaciones (amistad, familia, pareja, conocidos...) tanto como se merecen porque como están ya dadas, como ya conocemos (o creemos conocer) todo de los otros, pensamos que ya no nos pueden aportar nada nuevo.

Encerramos a los demás, e incluso a nuestro contexto, bajo una determinación ("tal persona o contexto es así, así y así") Y tan anchos que nos quedamos, cuando lo único que hacemos es limitar a los demás. Establecer como son (para nosotros) y marcar sus límites.

Cuando conoces a alguien por primera vez, te sorprenden todos sus rasgos particulares (porque sí, todos tenemos algo en especial), pero con el paso del tiempo convertimos lo especial de los otros en lo "normal" de ellos ("está persona es así, es lo normal en ella").

Sin embargo, por mucho que algo nos resulte normal no quiere decir que no sea especial y único. Que nos hayan preguntado muchas veces "¿qué tal estás?" no quiere decir que entre esas interrogaciones no haya la misma preocupación que el primer día que nos lo preguntaron.

Que nos hayan dicho "te quiero" mil veces no implica que no haya el mismo cariño en cada una de ellas.

Que te hayan ofrecido ayuda en incontables ocasiones no significa que sea algo mecanizado en el otro, sino que las ganas de ayudar estuvieron en cada ocasión.

Que alguien haya hecho por ti algo reiteradas veces no quiere decir que esa persona lo haya hecho así porque es lo normal en ella, sino porque así lo decidió en cada momento en que lo hizo teniendo la capacidad de no hacerlo. Y cada una de esas decisiones fue única.

Cada vez que alguien hace algo por tí, está haciendo algo único. Está haciendo algo nuevo. Está tomando una nueva decisión y te tiene a tí por elección. Así que dejemos de normalizar a los demás, porque lo normal no provoca emoción alguna. Dejemos aflorar las emociones escondidas en cada palabra, para volver a emocionarnos cada vez. Dejemos que el otro nos sorprenda, porque por mucho que nos empeñemos en configurar nuestro concepto (idea) de los demás, las personas no estamos delimitadas. Podemos cambiar. Constantemente decidimos cómo queremos ser y qué queremos hacer.

Alguien no es como es porque "debe ser" así, sino porque así lo ha decidido.

Quien te sigue ayudando, queriendo, apoyando... como lo hizo al inicio de conocerte es porque ha decidido seguir siendo así y seguir aportándote lo que te aporta, sin nada que le obligue a ello.                                      ¿No es eso suficiente para valorar a las personas? ¿O hace falta su ausencia para tomar consciencia del valor de la presencia de los otros?


Share
Si tienes cualquier duda o sugerencia puedes enviarla a viviryfilosofar@gmail.com
¡Pongamos al pensamiento crítico on fire!
Creado con Webnode Cookies
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar