Lienzo en blanco

23.06.2022

Pintar. Nunca se me ha dado demasiado bien, lo reconozco. Quizá no he hecho grandes obras artísticas, pero al menos he pintado. He creado, y lo he hecho por mí misma. Porque siempre que pintaba cogía un lienzo en blanco.

No me gustan los que ya vienen con un boceto hecho. Creo que limitan demasiado al pintor. Le marcan por dónde debe ir el pincel, qué debe pintar y qué no, qué forma tiene que tener su obra... En ese caso quien crea no es el pintor, el dibujo ya está dado de antemano y de lo único que se trata es de adaptarse a él, amoldarse, incluso... encerrarse en él. El pintor ante un boceto no es libre de decidir que pintar, está obligado a pintar el boceto. ¿Podríamos entonces considerar esa obra como suya?

Hay muchas personas que le temen al papel (o lienzo) en blanco y es comprensible. Si partimos de cero tenemos la responsabilidad de que todo lo que hagamos será creación nuestra y solo nuestra (para bien y para mal), además, no siempre tenemos la inspiración suficiente. A veces no nos apetece dibujar nada o no se nos ocurre qué hacer. Pero no pasa nada, podemos pedir consejo o podemos, simplemente, esperar (que una breve pausa, en estos días que casi corren más rápido que la luz, no nos viene mal).

A pesar de que mis dibujos no son obras de arte a la altura de las de Velázquez, Da Vinci o Van Gogh, estoy orgullosa de ellos. Porque tuve la valentía de enfrentarme al lienzo en blanco y todavía la tengo. Aún sigo pintando lienzos y aún sigo pintando mi vida. Sí, mi vida es una obra de arte, al menos eso me enseñó Nietzsche. Hay quienes aceptan un lienzo con boceto. Esas son vidas que se amoldan, que no viven para sí, sino para el boceto. No crean su vida, simplemente rellenan lo que ya estaba pintado con antelación.

Luego están los valientes del lienzo en blanco. Los que rechazan cualquier boceto, los que parten de cero, con la libertad y responsabilidad de pintar como quieran su vida. Hacen de su vida, verdaderamente, algo propio: son dueños de la propia vida, son sus artistas. Dan las pinceladas por donde quieran y del color que quieran. El hecho de que no haya nada de antemano no les paraliza, al contrario, les excita, les mueve a vivir.

¿Y si borramos cualquier boceto? ¿Y si partimos de cero? Sé que al principio puede asustar, pero es en la eterna posibilidad, en la incertidumbre futura, donde emergen las más bellas vidas pintadas.

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